Capítulo 1, parte 1.
Sentados en los escalones que conducen a su puerta están mirando la luna aquellos seres.
Él mira la luna brillante y hermosa en un cielo adornado de estrellas. Era una noche particularmente bella aun cuando algunas nubes grisáceas en el cielo formaban figuras fantasmagóricas. La luna estaba descubierta brindándoles su luz pero él se voltea y la mira diciéndole:
- Entonces este será mi último regalo, esa hermosa luna es para ti ya no tengo más que hacer en este lugar. Te ha vuelto la sonrisa, ¿no es verdad?
Ella, un poco pensativa, asiente con la cabeza y le responde:
- Ya habíamos hablado y sabíamos que sería así, pues yo no tengo nada para ti.
- Sí, es cierto, no te reprocho nada, sólo que deseaba verte por ultima vez antes de dejar esta senda de mi vida, me alegro de haber podido hacerte sonreír aunque no fuera yo el que lo lograra completamente.
Poniéndose de pie y, sabiendo que en su interior no deseaba volver a sentir esa agonía que le producía mirarla, dice:
- Hasta una próxima oportunidad, cuando nuestros destinos se crucen de nuevo.
- Si tú lo dices.
Una de las muchas efímeras respuestas que él nunca comprendió.
Bajó lentamente los escalones que parecían infinitos hasta llegar al nivel de la calle, nunca miró atrás pero claramente escuchó como se cerraba el portón mientras descendía y pensó: “ni siquiera me dirigió una mirada sólo se volteó y entró, ¿tan poco valí para ella?”. Camino a su casa vuelve a mirar a la luna.
- He fallado otra vez, aquello que buscaba me ha sido negado nuevamente, tú lo sabes mi amiga, se han vivido tiempos difíciles y mucho tiempo ha pasado.
Ve a un pordiosero acostado en la acera y mira cómo la sombra de un techo cercano cae sobre su figura como una mano siniestra, como si deseara tomar su vida arrancándolo de su desgracia. Nuevamente mira en el cielo a su eterna amiga y le dice casi que gritando:
- Quiero mostrarte mi dolor.
De su pecho sale un sonido ya conocido, un aullido salvaje que de repente es un coro al que se han unido otros seres que tal vez lo comprenden mejor que la propia humanidad; toma un respiro y sigue su camino.
Ya en la puerta de su casa mira hacia atrás.
- Cuánto más he de soportar este tormento, este castigo a un crimen desconocido, muéstrate verdugo y ven por tu víctima y así podremos ver quién es el cazador y quién la presa.
Nadie respondió a su llamado.
Dentro de su habitación observa el panorama que no ha cambiado en lo absoluto: una cama vieja y roída en un rincón, un mueble con un ordenador algo pasado de moda, un estante descompensado al que él llama closet y cortinas que impiden a la luz llegar con plenitud a su morada. Sentándose en la cama observa que el desorden es mayor que antes. Seguramente como el de su mente en ese instante.
- ¿Qué estará haciendo?, dice para sí.
Soy un tonto al seguir pensando en ella, seguro yo no estoy en su pensamiento como ella en el mío, se tumba sobre su cama, tira su mano hacia el mueble y de alguna manera enciende el ordenador esperando escuchar cómo entra en funcionamiento algo muy común ya para él, pone música, sus canciones favoritas, y piensa en lo que pudo ser y no fue.
Sin darse cuenta se encontraba en el mundo de sus sueños, ese mundo apocalíptico al que tantas veces había ido a parar y donde todo era muerte y desolación pero que sentía como suyo y en el que se sentía cómodo, plenamente vivo. Esta vez era diferente, había algo más, una de esas extrañas revelaciones que de vez en cuando se le daban, el mas mísero ser agobiado con el peso de su vida y con un corazón incapaz de conocer amor.
- ¡Qué es lo que me quieres mostrar! Grita.
- ¡Qué es lo que yo no sé y me condena a seguir adelante!, aunque en verdad quisiera yacer al lado de esos cadáveres desgarrados que se miran por doquier.
- ¡Qué quieres de mí, dímelo o déjame en paz, si lo prefieres destrúyeme de una vez pero no postergues esta agonía!
Como siempre no hubo respuesta.
Una imagen se formaba en aquel lugar, una visión borrosa y cuando estaba por aclarase el timbre de la alarma lo despertó. Aquello era, de nuevo, una visión del fin del mundo que su trastornada mente acostumbraba a mostrar en un intento desesperado por escapar del dolor diario de una vida vacía.
Continuará…